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Arqueología

El Duero encierra historias milenarias contadas a través de imágenes grabadas en piedra que sobreviven desde los albores de la humanidad. En las márgenes del río Côa, uno de los afluentes del Duero, se encuentra uno de los mayores y más importantes conjuntos de arte paleolítico al aire libre, que constituye un legado único de nuestros antepasados más remotos.

Uro grabado en una roca | © Melanie AntunesMuseu do Côa | © Centro Nacional de Cultura, António CruzConjunto de grabados rupestres | © Melanie AntunesExterior del Museo de Coa | © Centro Nacional de Cultura, António CruzGuía contorna los grabados | © Melanie AntunesCentro de Interpretación de Castelo Melhor | © Melanie AntunesDos impresiones que se superponen | © Melanie AntunesCoa Valle | © Melanie AntunesPiedra con dos imágenes | © Melanie AntunesLos visitantes observan el Valle de Coa | © Melanie AntunesLos visitantes en su camino hasta el Valle de Coa | © Melanie AntunesLa superposición de las impresiones rupestres | © Melanie AntunesMuseu do Côa | © Centro Nacional de Cultura, António Cruz Guía del Parque Arqueológico del Valle del Coa muestra las imagenes | © Melanie AntunesImagen de un uro | © Melanie AntunesVisitantes del Parque Arqueológico Valle del Coa | © Melanie Antunes

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Yacimientos arqueológicos 

Cerca del lecho del río Côa se encuentran vestigios que se remontan a los comienzos de la humanidad, cuando el antepasado anatómicamente semejante al hombre, el Homo sapiens sapiens, el Hombre de Cro-Magnon, habitaba esta región. Este ser existió en la Tierra durante la época glacial, cuando el clima era más frío y seco y el norte de Europa estaba cubierto de una extensa capa de hielo. Esta época coincide con el Paleolítico (Edad de Piedra), que se divide en cuatro períodos: Auriñaciense (de 40 mil a 27 mil años del presente), Gravetiense (de 27 mil a 21 mil años del presente), Solutrense (de 21 mil a 18 mil años del presente) y Magdaleniense (de 18 mil a 10 mil años del presente).

Los primeros indicios de arte del Paleolítico, al aire libre, fueron descubiertos en 1981, en Portugal, en el ayuntamiento de Freixo de Espada à Cinta. En las pinturas de Mazouco aparecen representadas varias figuras, entre las que se identifica claramente la de un caballo.

Durante el proceso de construcción de una presa cerca del río Côa se descubrieron algunas pinturas en el lugar de Canada do Inferno, en 1992, lo que trajo consigo el cese de las obras ya que, en caso contrario, estas pinturas habrían quedado cubiertas por las aguas. Entre 1994 y 1995 se descubrieron otras rocas grabadas en Ribeira de Piscos (Muxagata), Penascosa (Castelo Melhor) y Quinta da Barca (Chãs). En ese último año se creó el Parque Arqueológico del Valle del Côa.

Las pinturas del Paleolítico encontradas en el Valle del Côa se realizaron en las épocas Gravetiense (yacimiento arqueológico de Cardina I), Solutrense (yacimientos arqueológicos de Penascosa y Canada do Inferno) y Magdaleniense (yacimiento arqueológico de Quinta da Barca).

Las imágenes más comunes son el caballo, el uro (antepasado salvaje del buey doméstico) y la cabra montés, un animal que era común en la región debido a su clima frío y seco. Los grabados están hechos mediante incisiones, siendo reducido el número de imágenes pintadas en rojo. Algunas de las imágenes sugieren movimiento, algo poco frecuente en el arte rupestre, a pesar de ser algo común en el Valle del Côa. En Canada do Inferno, también existen representaciones religiosas y populares realizadas entre el siglo XVII y  los años 50 del siglo XX.

Hoy en día se conocen 44 núcleos rupestres dispersos por las márgenes del río Côa, en una extensión de 17 kilómetros. En 1998 la UNESCO declaró al Parque Arqueológico del Valle de Côa patrimonio de la Humanidad por ser el mayor ejemplo de arte paleolítico al aire libre.

Hasta el descubrimiento de las figuras de Mazouco, no existía ningún vestigio de arte al aire libre. Los únicos ejemplares se encontraban en grutas y al abrigo de rocas, de lo que se derivó la designación de “arte de las cavernas”. Hoy en día es posible afirmar que el arte del Paleolítico era una práctica que se llevaba a cabo al aire libre y que las pinturas en las grutas eran una excepción, de lo que se deduce que este arte no servía para decorar las paredes de las cavernas ni para convertirlas en santuarios.

Además del Paleolítico aún existen vestigios del Calcolítico y de la Edad de Bronce, tiempos en que los poblados eran construidos en lugares altos, en ocasiones amurallados, como es el caso del Castillo Viejo de Freixo de Numão. Antes de la romanización, la región estuvo ocupada por los lusitanos durante la Edad de Hierro, dejando inscripciones alfabéticas, todavía sin descifrar, en lugares como el Valle de la Casa, en Pocinho.

El Valle del Côa se encuentra repleto de testimonios pasados y misterios como lo demuestra el hecho de que gran parte de los motivos aparecen dibujados sobre otras figuras, con un intervalo de miles de años entre ambos. Las respuestas a muchos interrogantes aún se hallan perdidas en el tiempo o reposan en el lecho del río Côa, a la espera de ser descubiertas.

 

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